La Empresa que Alonso González Fernández "El Buzo" creó a lo largo de muchos  años de actividad profesional, fue un vivero permanente en el que se ha formado la casi totalidad de las jóvenes generaciones de buzos y hombres-rana de las costas de Cantabria.

14 de noviembre de 2010

Mercante “ANTARTICO”

En 1959 intervención en el mercante “ANTARTICO”, embarrancado en la playa de Somo.(Comisariado Español Marítimo).




                                 9 de Octubre de 1959


                                               1959




                                
                                                       7 de Febrero de 1960




                                               10 Abril 1960





Desguace







LA VARADA DEL ANTÁRTICO

En el mes de julio de 1947 llegó a Bilbao el CASTILLO ANDRADE para su reconstrucción en la Factoría de Sestao, perteneciente a la SECN. En el contrato firmado entre la Empresa Nacional “Elcano” y el astillero se recogía que las dos bodegas centrales (bodegas nº 2 y 3) serían convertidas para transportar carga frigorífica. Además, en la superestructura había que habilitar espacio para alojar, además de la tripulación, a 12 pasajeros en unas condiciones de confort adecuadas. Al tratarse de un buque construido en 1914, sus formas habían quedado anticuadas, decidiendo modificarse las estructuras de proa y popa. Con ambas modificaciones se alargaría la eslora en metro y medio. También formaba parte de la reconstrucción el sistema propulsor. La anticuada máquina de triple expansión y sus calderas se iban a sustituir por un motor Diesel, y además se montarían todos los dispositivos auxiliares que fueran necesarios para su funcionamiento.

Para estar el menor tiempo posible en dique, las estructuras de las nuevas proa y popa se prefabricaron en grada y se montaron en dos cortas entradas en el dique seco. Con los nuevos extremos, la eslora entre perpendiculares pasó de 115,97 metros a 117,48 metros. También se construyó, de forma prefabricada, una gran superestructura para cumplir con lo estipulado en el contrato en lo referente a los pasajeros. Además, se prepararon unos amplios alojamientos para el capitán, oficiales y resto de la tripulación, que disponían de todos los servicios necesarios.

La reforma en el espacio destinado a la carga fue muy importante, con una gran dedicación a las bodegas nº 2 y 3, que se prepararon para llevar mercancías frigoríficas. Debido a la necesidad de instalar los aislantes en las bodegas con corcho, así como de montar toda la maquinaria frigorífica (serpentines, compresores de amoniaco, condensador, evaporador, bombas y otros), la carga máxima se redujo de 6.000 toneladas a 4.500 toneladas y el Arqueo Bruto pasó de 3.457 TRB a 5.507 TRB. El Peso Muerto del nuevo buque quedó establecido en 5.190 toneladas.

Antes de su transformación, el buque estaba propulsado por una máquina de vapor de triple expansión. El vapor lo suministraban tres calderas cilíndricas de retoro de llama de tres hornos cada una. En el contrato se decidió cambiar el sistema de propulsión montando un motor diesel. El “nuevo” motor principal era un “MAN”, tipo G8Vn84, de simple efecto y cuatro tiempos, con ocho cilindros de 580 mm de diámetro y 840 mm de carrera, pudiendo desarrollar 2.200 BHP a 165 r.p.m. Este motor procedía del salvamento del CIUDAD DE MÁLAGA, de la Trasmediterránea, buque que se había perdido en las Islas Canarias. El “corazón que le esperaba” se había fabricado en 1929 y antes de su montaje fue reparado por “La Maquinista Terrestre y Marítima” de Barcelona. Con este propulsor, la velocidad del ANTÁRTICO mejoró sensiblemente, pasando de los casi 10 nudos a los 11,5.

En 1948 se incorporó a la flota mercante española un buque “casi” nuevo, muy diferente del que había llegado al astillero meses atrás. Junto con el ÁRTICO, también de la Empresa Nacional “Elcano”, era la única pareja de buques frigoríficos de pabellón nacional. Dejó de ser un “castillo”, cambió el color negro de su casco por el gris, y su alta y negra chimenea por otra rojinegra de corte moderno formando parte de una amplia superestructura blanca.

Al mando del capitán Antonio Léniz, el ANTÁRTICO embarcó en el puerto angoleño de Lobito un cargamento de 5.000 toneladas de manganeso, 3.479 toneladas para Santander y el resto para Corcubión. En la travesía hacia la Península tuvo que hacer escala en Santa Cruz de Tenerife para reparar una avería en la máquina. El día de 6 de octubre de 1959, alrededor de la una de la tarde, se presentó el buque en el Sardinero. Los prácticos comunicaron al capitán que tenía que esperar hasta las tres de la tarde para entrar. Entre la una y media y las dos de la tarde, el ANTÁRTICO embarrancó al oeste de Las Quebrantas, al poco tiempo de iniciar el capitán la maniobra de entrada. La causa fue una nueva avería en el motor que se produjo en el momento de abocar el puerto, quedando el buque sin gobierno, y encargándose el viento y la marea de acostarlo sobre la rompiente.

Nada más conocer el suceso salieron inmediatamente para el lugar los prácticos José Monasterio y Ángel Madariaga, lo mismo que el remolcador CONDE DE RUISEÑADA, de 143 TRB y 653 CV, perteneciente a la Junta de Obras del Puerto. Enseguida comenzaron las operaciones de reflotamiento, resultando todos los intentos infructuosos, después de romper los cabos de remolque en varias ocasiones. A las siete y media de la tarde se suspendieron las tareas a la vez que se requería al remolcador ALTXU, de la compañía Ibaizábal, con 154 TRB y 450 CV, que se encontraba en su base de Bilbao. El miércoles 7, ambos remolcadores reanudaron en las pleamares las operaciones de reflotamiento con resultados negativos, por lo que todas las partes implicadas decidieron que era necesario aligerar la carga por medio de gabarras que descargarían el mineral en el puerto. Además, estaba previsto que un buzo descendiera para efectuar un reconocimiento del casco.

En las bajamares, el ANTÁRTICO, con su proa mirando al Oeste, quedaba casi en seco, lo que no constituía un signo de optimismo. El alijo de la carga comenzó con los pequeños vapores TOÑÍN y MARÍA SANTIUSTE, que se abarloaban al buque embarrancado para tomar unas 300 toneladas en cada viaje. El manganeso lo descargaban posteriormente en el muelle de Bloques. Como continuaba el buen tiempo, los técnicos pensaban que cuando se alcanzase la cifra de 2.000 toneladas alijadas se podría volver a intentar su reflotamiento.

El día 12 se estuvo trabajando en el barco para solucionar una vía de agua en la sala de máquinas que había ocasionado su inundación. Las calderas estaban apagadas y no proporcionaban el vapor necesario para mover las maquinillas. Hasta el ANTÁRTICO se trasladaron bombas de achique, compresores y otros dispositivos con el fin de sacar el agua de su interior. Ese día llegaron a Santander dos potentes remolcadores holandeses por si fueran necesarios sus servicios. El alijo continuaba pero a cámara lenta al no funcionar las maquinillas que movían los puntales por falta de vapor.

A mediados de octubre empeoró el tiempo obligando a suspender las operaciones de salvamento. El ANTÁRTICO soportaba la furia del Cantábrico mientras la tripulación lo tuvo que abandonar ante el temor de que se produjera un accidente debido a la fuerte marejada. Pasados unos días el tiempo mejoró y el equipo de salvamento pudo reanudar las operaciones. El remolcador CONDE DE RUISEÑADA logró el día 21 mover al buque una centena de metros quedando su proa mirando al Norte, lo que era un gran avance. Gracias a esa circunstancia, las esperanzas de sacarlo de su prisión eran tan grandes que el ANTÁRTICO figuraba ese mismo día en la plantilla del puerto amarrado al muelle de Mouro.

La noticia del periódico “Alerta” del día 25 de octubre era suficientemente significativa: “El ANTÁRTICO, herido de muerte.” El violento temporal del NW, con vientos que superaban los cien kilómetros por hora, partió al buque en dos, justo a proa de la superestructura. La fuerza de la mar comenzó a deshacer al desdichado buque, recogiéndose por todas las playas cercanas numerosos efectos. Conforme pasaban los días la proa se iba enterrando poco a poco en la arena mientras la popa se elevaba, apareciendo la hélice y el timón en el aire, incluso en las pleamares. El buque estaba sentenciado y, a partir de ese momento, la mar empezó su particular obra de desguace.

En el mes de febrero de 1960 ya habían desaparecido la superestructura, la chimenea, los botes,… La popa empezó a hundirse en el mes de abril a la vez que el resto del buque continuaba perdiendo componentes. Una vez firmado el contrato, el hombre se encargó de echar una mano a la mar en esa ingrata tarea de desguazar un buque. En septiembre ya solo sobresalía un trozo de la proa y lo demás era un montón de chatarra que emergía en las bajamares. Con el nuevo año, de aquello que en su día fue un buque solo quedaban algunos restos visibles en bajamar, dando por terminadas las operaciones de desguace en el mes de agosto de 1961. La tumba se había cerrado.


La Empresa Nacional “Elcano” tenía asegurado al ANTÁRTICO, siendo la compañía abridora de la póliza La Unión y el Fénix Español, que asumía la mayor participación en el seguro y, consiguientemente en las consecuencias económicas del siniestro. 

La cifra pagada por los aseguradores españoles ascendió a 50 millones de pesetas, la más alta pagada hasta la fecha en un solo siniestro. 













Fue desguazado in-situ, aún en la bajamares grandes se pueden contemplar sus restos ,concretamente los armazones y parte de su fondo.






Historia del Antártico:


Desde Google Earth se puede ver el pecio nítidamente.

La inmersión en este pecio es apta para todos los niveles, ya que sus restos se encuentran a escasa profundidad (de 6 a 10 metros). 

En bajamares muy pronunciadas llega a asomar a la superficie parte de su estructura. Sus restos se encuentran esparcidos en línea paralela a las Quebrantas del Puntal. Prácticamente enterrado en el fondo arenoso, apenas son visibles los restos de los mamparos y la cubierta alta, pero ofrece cantidad de recovecos entre sus restos, sirviendo de arrecife y protección a la multitudinaria vida marina que allí habita. 




Los temporales del 2014 dejaron a la vista los restos, que se pueden ver durante la marea baja







4 comentarios:

  1. Felicidades por ese blog tan estupendo. Le puedo asegurar como profesional de los siniestros marítimos que es de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Cuando tenga tiempo voy a poner en mi web naufragios.es una pequeña reseña con un enlace al blog y en nuestro perfil de Facebook otro esta misma noche.

    Enhorabuena y un saludo cordial desde los mares del Sur.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por su comentario, le aseguro que es una gran satisfacción para mí viniendo de un profesional.
    Visitaré su web que seguro que será interesante.
    Un saludo cordial también para Ud.

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena por su blog. Resulta que buscando información sobre unas fotografías que compré a un anticuario, he recabado en su blog, resulta que dichas fotos son sobre el siniestro del Antártico que usted relata, de hecho alguna de ellas son reproducidas por usted, imagino que procedentes de otras copias.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por su comentario y visita Nacho Barcia.
    Las nueve primeras fotos, son originales y de mi propiedad.El resto como habrá visto, están puestos los enlaces de quienes me las han proporcionado.
    Un saludo

    ResponderEliminar